¿REALMENTE TE PONES EN MIS ZAPATOS?
13.05.2013 20:36(Magdalena del Rocio González Aldama)
El ser humano ha pasado por muchas etapas de “crecimiento” desde el Australopitecos hasta el Homo Sapiens que a su vez Henri Bergson, en su obra intitulada La evolución creadora de 1907, lo clasifica como un Homo Faber (hombre que crea o fabrica), sin embargo en nuestro afán de desarrollarnos, de ser cada vez más inteligente y conocer un mayor número de cosas; nos vemos olvidado que también nuestros sentimientos necesitan ser trabajados, se nos pasó de largo el pensar en los demás, el ser humanistas.
Siempre decimos “ponte en mi lugar” cuando sentimos que no nos comprenden, pero ponerse en el lugar del otro es una de las cosas más difíciles de hacer ya que muchas veces la pura idea nos provoca rechazo; en esos momentos deberíamos cerrar los ojos, dejar de ver con ellos para poder empezar a mirar con nuestro corazón; un corazón que no le importe que el exterior es diferente. Un claro ejemplo de esto, lo encontramos en el cuento Cuestión de gustos “Sólo cuando abrió los ojos se volvió casi instantáneamente distante. Esto me entristeció. También el parecía triste. Cerró en seguida los ojos y continuó hablando, y en un minuto se restableció nuestra buena relación.” (Bradbury, Ray, 2005, p.178)
Aunque parece un concepto muy complejo, la humanidad no lo es cuando se pone en práctica, el problema no es que preferimos quedarnos en el clásico “hay pobrecito” en lugar de hacer algo de verdad, en entender que no somos superiores a él, sino iguales y que como iguales podemos aprender y recibir ayuda desde ambos lados.
Los huicholes es uno de los grupos indígenas que más han sufrido los atropellos de la falta de humanidad; nos creemos buenas personas porque les construimos escuelas, les ponemos luz eléctrica pero como casi todo en este país capitalista, le ponemos un precio a nuestra ayuda, el cual consiste en utilizar sus tierras, sus lugares sagrados para fines meramente económicos, lo más indignante es que nos sentimos Superman porque llevamos un acuerdo y les regresamos un poco de sus tierras, además de hacer un mitin para decirle a todos lo bueno que somos, ya que vamos a mandar seguridad hasta el lugar más recóndito donde estén para protegerlos.
Pero no basta con regresarle unas cuantas hectáreas, que siendo sinceros se las regresamos porque no nos dan beneficio, no se las podemos vender a empresas extranjeras para que extraigan de la tierra lo que por derecho de nacimiento es nuestro, los minerales, minerales que no se quedan en México, si no que se van a Canadá.
Por último prometemos mandar seguridad, pero ¿no es solo una forma poética y cortés de decir que vamos a seguir atacándolos, los huicholes son personas pacíficas, no se necesitan ayuda o alguien que los controle?, ¿si los vamos a dejar en paz de quien los vamos a proteger? ¿De ellos mismos?, ¿de otros grupos? O ¿de nuestros poderosos amigos del norte?
Es muy noble el esfuerzo que hacen los cantantes por apoyar a los huicholes, con el Wirikuta Fest, pero honestamente no creo que sirva de nada, ya que muchas personas fueron para verlos cantar o simplemente no se enteraron de él; ya que ¿Qué nos importa que un puñado de personas estén sufriendo por no ser valoradas si yo todas las tardes regreso cómodamente a mi casa, donde tengo todo lo que necesito para ser “FELIZ”? (Magdalena del Rocio González Aldama)
Referencia
Bradbury, R. (2005). El Signo del Gato. Barcelona: Minotauro.